El cuerpo habla I
¿Alguna vez has tenido una contractura en tu espalda? Ya sabes, esos "nudos" de tejido que limitan movimientos y que producen un dolor intenso y que tu fisio trata a veces con mimo y otras hundiendo su dedo hasta la costilla...
Unos cuantos años escuchando el cuerpo de las personas como fisioterapeuta me llevaron a conclusiones importantes. Como osteópata buscaba el origen de la lesión siguiendo las cadenas musculares, detectando las compensaciones del cuerpo y escuchando cómo siente su vida esa persona. Un dolor de rodilla, una lumbalgia o un dolor de cabeza pueden tener su origen en una extracción de muela (la persona muerde diferente y todo su cuerpo tiene que reorganizarse a este cambio hasta llegar al pie que tiene que cambiar la forma en cómo pisa). Si nos quedamos en el plano físico, esta podía ser corregida con una plantilla o con una visita al dentista. Pero en el 85% de los casos que he tratado, el origen de la lesión estaba en un conflicto emocional.

¿Qué es un conflicto emocional? Un conflicto son dos fuerzas opuestas. Hay conflicto cuando deseo algo y mis miedos no me permiten tomar acción para lograr ese deseo. Hay conflicto cuando no expreso mi deseo si no que reprocho a quien lo goza. Hay conflicto cuando mi sentir me lleva hacia un lugar y mis creencias y lealtades familiares me "obligan" a permanecer o caminar en sentido opuesto. Hay conflicto cuando no me permito ser quien soy para complacer a otros y encajar en una identidad colectiva.
Como facilitadora en gestión emocional, te acompaño a "desenredar el nudo" para que recuperes el movimiento. Te acompaño a entender qué es lo que ha sucedido, a integrarlo como proceso y a generar recursos para que te enredes lo menos posible. Tú eliges hacia dónde y cómo y lo más importante: desde dónde vas a iniciar ese movimiento

El aspecto más divertido de todo esto es el viaje en sí. El movimiento de las olas que sacude tu barco, las piedras del camino en la planta de tus pies, los baches, las paradas imprevistas, ese semáforo en rojo que tarda "siglos" en cambiar.
Muchas personas, nos sentimos en momentos como un bloque sólido, robusto. Creemos que somos lo que pensamos y nos quedamos anclados, inamovibles. Nos llenamos de orgullo al identificarnos como seres íntegros, leales a nuestros principios. Sentimos esa rigidez como coherencia y juzgamos a los que se mueven como "gente sin principios". Sentimos que nuestra percepción es la que tiene que ser, nos sentimos mejores que otras personas.

El reto es soltar, ser más ligeras y aprender a bailar. Permitirnos sentir cosas nuevas, comportarnos de formas que antaño juzgamos y movernos por la vida de la manera más libre posible.
