

¿Qué es lo que sientes?
Tomamos el Camino del corazón que nos invitaba a recorrer Eva Bach desde La belleza de sentir y nos encontramos con la primera puerta, una que nos cierra los ojos y nos abre todos los receptores sensitivos para sentir. ¡Qué palabra tan grande: SENTIR!
Es curioso que, teniendo el corazón una cantidad suficientemente importante de neuronas como para poder ser considerado otro cerebro*, estemos tan conectados con lo que pensamos y tan aislados de lo que sentimos.

Como fisioterapeuta clínica tuve la oportunidad durante unos cuantos años de maravillarme ante la dificultad que tienen muchas personas de conectar con lo que sienten y la cosa se complica más aún cuando hay que ponerle palabras. Algunas veces me resultaba tremendamente curioso que mis pacientes no se hubieran parado a sentir exactamente cómo era lo que pasaba "ahí dentro". El dolor es subjetivo, depende de muchas variantes, pero me alucinaba que no supieran diferenciar sensaciones que, para mí, eran básicas. Así que utilizaba ejemplos, como si les enseñaras una imagen con diferentes colores hasta que ellos/as decían: -¡eso, es! ¡justo eso, siento como si me hubieran clavado algo! - o - sí, es verdad, es como si tuviera a alguien sentado en el pecho todo el día o como si llevara una mochila sobre los hombros...

¿Qué quiero decir con esto? Pues que vamos muy rápido por la vida y nos perdemos muchas cosas. Socialmente se ha menospreciado el valor de la información que nos facilita nuestro cuerpo y, eso, le pasa una gran factura a nuestra salud. No conocemos los "indicadores", las señales de alarma que nos indican que algo no va bien. En definitiva, no nos han enseñado a escuchar a nuestro cuerpo, a los otros dos cerebros que pilotan nuesta vida además del que vive en la cabeza (el del corazón y el de "las tripas").
Por eso, hoy te invito a SENTIR, a percibir. Te animo a hacer el siguiente ejercicio:
- Siéntate en un lugar cómodo, con una mesa delante de tí en la que deposites tres objetos (si tienes a alguien contigo lo podéis hacer juntos/as por turnos). Los objetos deben ser diferentes entre sí (puedes utilizar una pieza de fruta, un objeto de escritorio y una prenda de vestir, por ejemplo).
- Véndate los ojos y coge de uno en uno los objetos. Tómalo entre tus manos y SIENTELO, su textura (¿es lisa o arrugada?), su temperatura, sus bordes, su peso...presta atención a todo lo que tus manos y tus dedos te transmiten manipulando ese objeto. Dedica tiempo a cada uno de ellos. Sé curioso/a.
- A continuación puedes elegir tres piezas de música completamente diferentes (en mis talleres utilizo combinaciones tipo: Rage against de machine, Salvador Sobral o R.E.M.). Prepáralas para que suenen seguidas y a un volumen adecuado para ti y para el vecindario. Cierra los ojos y, de pie, déjate llevar y muévete como te pida la música (para la de Rage, es bueno tener almohadones cerca y un sofá para descargar ;-) ).
- Por último, siéntate tranquilo/a, en un lugar cómodo y lleva la atención a diferentes partes de tu cuerpo, siente lo que sucede dentro de ti y escucha.

¿Qué ha pasado? Pues que durante estos ratos has estado focalizando en lo que tu cuerpo percibe (seguro que algún juicio habrá transitado tu cabeza, tranqui, es natural). Un buen final es escribir en una libreta cómo te has sentido en cada experiencia (sé descriptivo/a, evita "bien" o "mal"), así le vas poniendo palabras a esas sensaciones y vas conectando cerebros.
No te pierdas el siguiente post en el que veremos qué pasa cuando una sensación provoca una emoción y le damos un sentido.
Buen fin de semana, polluelos,


